martes, 14 de octubre de 2014

La Proposición: Capítulo 76

A regañadientes Peter soltó la mano de Lali. Francamente, quería ser un perfecto marica y correr tras ella. La última cosa en el mundo que quería era quedarse con el viejo. Se movió incómodamente sobre sus pies, limpiando la capa de sudor de su cara con el dorso de la mano. Félix escupió un chorro de jugo de tabaco.

—¿Así que planeas mantenerte alrededor después de que el bebé haya nacido?

—Sí, señor.

—¿Vas a ayudar durante su crecimiento?

—Bueno, todavía no hemos hablado realmente sobre todo eso. —Como la expresión de Félix se oscureció aún más, Peter rápidamente respondió—: pero voy a intentarlo. Soy honesto.

Los ojos de Félix se estrecharon.

—¿Qué hay de casarte con ella?

Peter sintió como si le hubieran dado una patada en las bolas. Luchó para recuperar el aliento. Mierda, si contesto mal esta pregunta, este tipo en serio va a matarme. Su boca volvió seca, y pasó su lengua por los labios. ¿Es cada vez más oscuro aquí, o me voy a desmayar?

—Hijo, no respondiste mi pregunta. ¿Vas a casarte con mi Lalita Lou o no?

—¡Abuelito! —chilló Lali, sus ojos muy abiertos por el horror. Peter jadeó con alivio de que momentáneamente estuviera saliéndose con la suya.

—¿Qué querida? Es una pregunta honesta.

Lali se ruborizó desde sus mejillas hasta el cuello. Incluso sus hombros desnudos se tiñeron de rojo.

—No, no lo es. Peter y yo estamos cómodos con el acuerdo que tenemos. Si nos ponemos de acuerdo para cambiar algo, te lo haremos saber, pero hasta entonces, no queremos sentir ningún tipo de presión, ¿de acuerdo? —Cuando su mirada vaciló hacia Peter para ver si estaba bien con su respuesta, él asintió.
Félix besó la parte superior de la cabeza de Lali.

—Bien, niña. No lo mencionaré de nuevo. —Le dio una última ardiente mirada de disgusto a Peter antes de alejarse.

—Solo está jugando contigo —dijo Lali. Al ver que no respondía, ella se acercó y frotó su brazo—. Realmente no tienes miedo de él, ¿verdad?

Se volvió para mirar a Félix. Rodeado por cuatro de sus nietos, se sentó a tallar un palo. La larga hoja de su cuchillo brillaba a la luz del sol provocando que Peter se estremeciera.

—¡Diablos, sí, lo tengo! Sé que parece tu dulce abuelito, pero el hombre podría terminar conmigo si quisiera, probablemente con sus propias manos. Y estoy seguro de que a tus tíos y primos no les importaría ayudar a que me entierren en una tumba poco profunda. Las comisuras de los labios de Emma se torcieron.

—¿Lo dices en serio?

Él soltó un bufido.

—Francamente, tengo un poco de miedo de ir a dormir esta noche por temor a que va a entrar en la habitación y cortar mi pene por dejarte embarazada.

—Ahora, ¿eso sería una trágica pérdida?

—Oh, sí, lo sería.

Lali se rio.

—No se trata solo de que yo sea la hija de su única hija o su pequeña nieta, él no es el típico abuelo/paternal que me protege del Lobo Feroz mejor conocidos como “hombres que roban mi virtud” —Su expresión divertida se oscureció—. Está tomando mi embarazo un poco más duro que abuelita porque él está pasado de moda. Siendo diácono de su iglesia, él nunca va a ser capaz de aceptar que voy a traer un hijo “bastardo”, por así decirlo, al mundo.
Peter respiró fuerte y entrecerró los ojos.
—¿Él realmente te dijo eso?

—No en esos términos exactos, pero sí.

—Esa es una estúpida manera de pensar acerca de su bisnieto.

—Sí, bueno, tu padre se sentía de la misma manera. ¿Recuerdas que quería darle al bebé su nombre?

—Eso es verdad —cedió Peter.

El repiqueteo de una campana los interrumpió. Peter se dio la vuelta para ver a Virginia sosteniendo un viejo cencerro. Ella sonrió.

—¡Todo el mundo! ¡Hora de la cena! —gritó, haciendo un gesto hacia el granero.

—¿Tienes hambre? —preguntó Lali.

—Estoy hambriento. —Él sonrió y pasó el brazo por encima de su hombro—. Esta tarde trabajé bastante sobre el apetito.

Su boca se abrió antes de que ella le diera un codazo en el estómago.

—¡Eres terrible!


—Sabes que me amas —bromeó.

CONTINUARÁ... 

La Proposición: Capítulo 71

Peter se levantó del sofá y se ajustó los pantalones.

—La, espera, ¿me escucharás?

Ella se dio la vuelta.

—¿Es ahora cuando me dices que lo sientes y que solo no pensaste en mencionarlo? ¿Que de alguna manera el hecho de que vayas a ser padre en menos de cinco meses simplemente se deslizó por tu mente?

Sostuvo sus manos en alto defensivamente.

—Mira, realmente lo siento. Ha sido una locura en el trabajo los últimos dos meses que hemos estado trabajando en ser más una pareja. Apenas he estado
en la oficina de casa una semana entera. Te prometo que no estoy siendo intencionadamente engañoso sobre ti o el bebé. Lo juro. Cuando se dio cuenta de la sinceridad en la voz de Peter, Lali suspiró.

—Lo siento. No he debido alucinar así. Estas estúpidas hormonas me hacen totalmente irracional a veces.

—No, has tenido razón al enfadarte. No es como si me hubiera esforzado en presentarte a mis amigos o decirles que somos algo oficial.

Lali sintió que la electricidad en la habitación cambiaba. ¿Estaba Peter realmente hablando sobre hacer las cosas más oficiales entre ellos? ¿Quería eso
decir tal vez vivir juntos? Parecía un salto cuántico teniendo en cuenta que ni
todavía ni siquiera se había dicho la palabra con “A”. No era por el hecho de que Lali no estaba profundamente enamorada de Peter. Solo tenía demasiado miedo de asustarlo. Toda su relación era un globo tan frágil que temía que explotara en cualquier momento.

Peter levantó las cejas inquisitivamente hacia ella.

—¿Entonces estamos bien?

Ella sonrió.

—Estamos bien.

—Bien entonces. ¡Salgamos de la ciudad de una maldita vez! —dijo Peter, agarrando la maleta de Lali.

Ella respiró profundamente e intentó prepararse mental y emocionalmente para lo que estaba por venir.


CONTINUARÁ... 

sábado, 4 de octubre de 2014

La Proposición: Capítulo 70


Mientras Peter la acunaba contra su pecho, Lali cubrió sus ojos con sus manos y gimió.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

—No puedo creer que acabo de dejar que me exprimas los sesos justo antes de ir a casa de mis abuelos.

La risa salió de Peter.

—Lo siento soy un caliente hijo de puta y no he podido evitarlo. Pero si somos realmente honestos, es más culpa tuya que mía.

Lali jadeó.

—¿Y exactamente cómo demonios es culpa mía?

Peter le guiñó el ojo.

—Tenías que estar tan malditamente sexy con ese vestido y esas botas vaqueras.

—Eres imposible —resopló. Secretamente, estaba más que encantada de oírle llamarla sexy y no ser capaz de mantener sus manos lejos de ella. Cuanto más grande se hacía, menos deseable se sentía. Pero entonces Peter la hacía sentirse preciosa como el día que se le propuso por primera vez en O’Malley’s.
Le besó el cuello mientras recorría sus manos arriba y abajo por su espalda.

—Maldición, te he echado de menos —murmuró contra su garganta.

—¿A mí o al sexo? —preguntó, repitiendo la familiar pregunta.

—Después de todo este tiempo, ¿todavía vamos a jugar ese juego? —gruñó él—. A ti. Te eché jodidamente de menos, ¿está bien?

Ella se alejó para sonreírle.

—Oh, Peter, eres tan romántico. ¡Susúrrame más palabras dulces!

Sus ojos se abrieron mucho, pero entonces sonrió.

—Lo siento, supongo que no ha sido realmente romántico, ¿huh?

—Aprecio el sentimiento. También te he eché de menos. —Recorrió sus dedos por su cabello y sonrió—. Aunque nos ha juntado, a veces realmente odio tu trabajo.

—Dímelo a mí —refunfuñó.

—¿Crees que todavía estarás viajando así cuando llegue el bebé?

—Espero que las cosas se calmen para entonces. —Dejó un rastro de besos a lo largo de la línea de su mandíbula—. Creen que pueden usarme y abusar de mí porque estoy soltero. Tal vez deba decirles que voy a ser padre, y serán pacientes.

Lali se pudo rígida.

—¿Quieres decir que no le has contado a nadie de tu departamento sobre el bebé?

—No exactamente… quiero decir, mis amigos y colegas de trabajo lo saben. —Sonrió—. Pasar tiempo contigo ha cortado un poco nuestras borracheras de cerveza en O’Malley’s, y no están muy contentos con eso.

Un gruñido de frustración brotó de los labios de Lali. Sacudiéndose fuera de Peter, trabajó en volver a subirse las bragas a sus muslos y reajustarse su vestido.

—¿Qué está mal?
—¿En serio tienes que preguntar?

Él hizo una mueca.

—Estás enfadada porque no le he contado a mi jefe sobre el bebé.


—¡Por supuesto que lo estoy! —resopló, caminando por la habitación para agarrar su maleta.


CONTINUARÁ...

viernes, 3 de octubre de 2014

La Proposición: Capítulo 69


Beau felizmente accedió y entró en modo completo meneo cuando vio que estaban en el auto. Sabiendo que estaba llegando tarde, aceleró a lo largo de la
interestatal y luego subió a lo largo de las familiares calles a la casa de Lali. Estacionó en su camino de entrada, un poco más tarde de las tres. Ignoró el zumbido de un mensaje de texto en su bolsillo porque estaba seguro de que era de ella. En cambio, salió. Beau comenzó a empujar hacia adelante, pero él negó con la cabeza.

—Quédate chico.

Después de trotar por el camino principal, golpeó la puerta.

—¡Está abierto! —dijo ella.

Mientras empujaba por la puerta, vio su maleta y el bolso en el suelo del vestíbulo. Oyó crujidos en la cocina.

—Lo siento, estoy un poco tarde. A Beau le llevó una eternidad hacer pis —mintió. No sentía la necesidad de decirle que uno de sus idiotas amigos, le había hecho llegar más tardar en lugar de la vejiga de Beau.

—No lo dejaste en casa, ¿verdad?

Peter se rio.

—No, está acomodado en el auto. Juro que reconoce tu casa.

La risita de niña de Lali flotó hacia él.

—Pobre bebé. Ha estado dentro y fuera de su casa en los últimos meses. Puse un hueso de carnada en mi bolso para ayudarlo a hacer el viaje. Pero probablemente tendrá que hacer una parada de vez en cuando para hacer pis. —Dio un suspiro de frustración—. ¿A quién estoy engañando? Probablemente voy a tener que hacer pis más veces que Beau.

Ella vino desde la esquina, y su corazón se estremeció hasta detenerse. Cada vez que la veía después de estar fuera de la ciudad, le quitaba el aliento. Llevaba un vestido de verano color verde esmeralda con tirantes delgados. El dobladillo caía justo por debajo de sus rodillas. Su embarazo tensaba el escote en las copas de su corpiño. Pero fueron las botas de vaquero de color marrón, las que le hicieron mirar de nuevo.

Lali comenzó a correr pasando junto a él para tirar algo en la maleta, cuando Peter alargó el brazo y la atrajo hacia él.

—Maldición, te ves sexy como el infierno.

Sus cejas se fruncieron mientras se miraba a sí misma.

—¿En serio?

Se humedeció los labios y asintió.

—Este es uno de los pocos vestidos que todavía puedo usar. Creo que puede ser el momento de ceder y comprar algo de ropa de maternidad.

Sus dedos se extendieron sobre su panza de embarazo, tocando tiernamente el fino material.

—Para estar de cuatro meses y medio de embarazo, apenas se nota.

Ella sopló un mechón de cabello de su cara.

—Díselo a mis cremalleras.

—¿Y las botas?

—Oh, me ayudan a mantenerme fiel a mis raíces country. Las llevo todo el tiempo cuando estoy en la montaña.

Él sonrió.

—A mí me gustan... y mucho. —Inclinando la cabeza, le dio su mejor sonrisa de “Quiero devorarte”.

Lali movió su dedo.

—Oh, no. No vayas siquiera allí.

—Nena, apenas te he visto, y mucho menos tocado, en la última semana. ¡Estoy a punto de explotar!

—Tenemos que estar en camino. Ya son más de las tres —protestó.

—¿Qué hay de malo en tomar un pequeño desvío? —Antes de que pudiera discutir más, Peter aplastó sus labios contra los de ella, su cálida lengua barriendo en su boca. Deslizó un brazo alrededor de su cintura, atrayéndola. Ella comenzó a retorcerse cuando presionó su erección contra ella.

—No me hagas conocer a tus abuelos estando duro.

Ella le sonrió y empezó a salirse de su abra
zo.
—Es un largo viaje. Estoy segura de que vas a refrescarte para entonces.

Con un gruñido frustrado, Peter apretó uno de sus brazos alrededor de su cintura. Luego llevó su otra mano para deslizar una de los pequeños tirantes de su hombro, empujando el material hacia abajo para desnudar su pecho. Mientras amasaba su piel, su pulgar rozaba una y otra vez su pezón endurecido. Cuando la escuchó contener el aliento, pellizcó la yema burlonamente. Eso pareció ser el truco, porque a Lali le sobrevino una ola de pasión. Llevó sus labios a los de Peter mientras se arqueaba contra él. Él lamió desde su barbilla hasta su oreja.

—Te deseo tanto, Lali —murmuró. Cuando tomó su barbilla entre sus dedos y echó su cabeza hacia atrás, Emma le miró con los ojos entrecerrados.

—Entonces tómame —murmuró ella.

Besándola otra vez, su mano se deslizó bajo su vestido. Lali gimió contra su boca cuando sus dedos encontraron el calor entre sus piernas. La acarició sobre sus bragas hasta que pudo sentir su deseo húmedo a través de la tela. Luego metió sus dedos dentro de ella, manteniendo el mismo ritmo con su lengua como con sus dedos. Ella separó sus labios de los de él, jadeando.

—Mmm, Peter … sí, ¡Dios! ¡ Peter! ¡Sí! —gritó, cerrando los ojos cuando la llevó al borde.

Gimió cuando sus dedos se deslizaron fuera de ella. Entonces sus manos fueron a bajarle las bragas hasta las rodillas. Llevó la mano de Lali a su entrepierna. Ella estiró la mano para hurgar entre el botón y la cremallera de sus pantalones. Una vez que liberó su erección, le acarició fuerte y rápido, usando las gotas del líquido pre seminal para dar fricción.
Peter contuvo su respiración entrecortada y luego le retiró la mano.
—Ya es suficiente de eso —murmuró con voz tensa.

Retrocedió hasta el sofá, empujando sus pantalones y su ropa interior sobre sus caderas. Agarró la mano de Emma, tirando de ella hacia él. Colapsaron en el sofá con el calor de Lali a horcajadas sobre él. Después de guiarse a sí mismo dentro de ella, empezó a mover sus caderas contra las de él. Frenéticamente, se empujó dentro y fuera de ella mientras Lali se inclinaba para darle un beso. Ella no duró mucho tiempo antes de irse por el borde otra vez.

Aunque estaba cerca, Peter no quería correrse. Nada se sentía tan bien como estar hundido dentro de Lali. Siguió levantando las caderas y llevándola hacia abajo duro sobre su polla. Echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos cuando la intensa sensación rodó sobre él. Finalmente, cuando pensaba que no podría
aguantar más, se rindió a la liberación y se vino inundándola.


CONTINUARÁ...

jueves, 2 de octubre de 2014

La Proposición: Capítulo 68


Peter tiró la última de sus ropas en la maleta y luego subió la cremallera. Gruñó de frustración cuando su celular sonó en su bolsillo. Puesto que ya estaba llegando tarde a recoger a Lali, no necesitaba más interrupciones. Por suerte, sabía que no le estaba exigiendo saber dónde estaba porque no era su tono de llamada.

—¿Hola?

Una voz ligeramente ebria retumbó en la otra línea.

—Lanzani, ¿dónde diablos estás hombre? ¡Toda la pandilla está esperándote en O'Malley’s!

Era su amigo Tincho. Peter había olvidado convenientemente decirles a él y a los otros chicos del trabajo que no estaría presente en su habitual reunión del sábado.

—Lo siento amigo, estoy a punto de salir de la ciudad con La.

—¿Estás con Lali de nuevo? —se quejó, por encima del rugido de la multitud en el fondo.

—Sip, vamos a visitar a su familia en las montañas. Un Baile Campestre o algo así.

—Jode eso hombre. Te pasas todo el tiempo con ella ahora. Por no mencionar que tienes un hijo en camino. Puede ser que también te haya crecido una vagina.

—¡Sí, pasar mucho tiempo con una hermosa y ardiente morocha, si, realmente me da una vagina! —respondió Peter, con una sonrisa.

Tincho soltó un bufido.

—No tienes idea de las jodidas arenas movedizas que estás pisando. Claro, parece fácil y divertido ahora, pero solo espera. Lali no es tonta. Está apretando tu lazo, y tienes la mente demasiada jodida para verlo.
—No vayas diciendo mierdas como esa de Lali — gruñó Peter.

—No soy el único que lo dice, Lanzani. Toda la pandilla está preocupada por ti. Y no digas que no sabemos de lo que estamos hablando. Tres de nosotros hemos pasado por divorcios, ¿recuerdas?

Peter movió el teléfono a su otra oreja. No estaba disfrutando la dirección que la conversación había tomado. No le gustaba el tono de Tincho o tampoco la verdad potencial en sus palabras.

—Lindo grupo de amigos que tengo hablando a mis espaldas.

—Sí, bueno, solo recuerda mis palabras. Si no sales rápido, te gustaría habernos escuchado.

—¡Vete a la mierda, Tincho! —gritó Peter antes de colgar. Empujó su teléfono en su bolsillo. ¿Quién demonios se creía Blake que era? Lali no le estaba obligando a hacer nada. Ninguna mujer lo había hecho y ninguna lo haría. Estaba con ella porque estaba disfrutando de lo que tenían. No había nada malo en ello. Estaba dándole tanto como quería, y ella no estaba forzando su mano a cualquier otra cosa.

Al pensar en sus amigos bebiendo y tirándole mierda sobre Lali, no pudo evitar murmurar:

—Idiotas. —Agarró su maleta y le silbó a Beau—. Vamos, chico. Salgamos al infierno de aquí.


CONTNIUARÁ...

miércoles, 1 de octubre de 2014

La Proposición: Capítulo 67



—¿Huh?

Él se rio entre dientes.

—Estás un poco tensa, eso es todo.

—Solo un día agotador en el trabajo —mintió.

—¿Y qué más? —preguntó él.

—Bien. Hay algo que he estado esperando preguntarte.

—Está bien, dispara.

—¿Así que el siguiente viaje de negocios? —preguntó ella.

—¿Hmm? —murmuró él, enredando sus dedos en su cabello húmedo.

—¿Tienes planes para el fin de semana después de tu regreso?

—No que yo sepa. ¿Por qué?

Lali sabía que ahora o nunca debía acercarse a él con esa bomba potencial. Segura que dos meses pasaron volando donde ellos habían pasado más y más tiempo juntos. Él mantenía su devoción a la monogamia, incluso yendo tan lejos para usar skype y llamarla tarde en las noches cuando estaba lejos. La mayoría de las noches que estaba en la ciudad, ella se quedaba a dormir o él dormía en su casa. Pero ellos aún no habían ido al nivel de compromiso que ella quería, ni habían dicho la palabra con “a” que tanto ansiaba escuchar.

—Bueno, es el baile campestre anual de mi familia en las montañas. La familia de mi mamá.

Peter se rio disimuladamente.

—¿Y qué es exactamente un baile campestre?

—Exactamente como suena. La banda de mis primos toca la música, la gente baila, por lo general hay una barbacoa casera… y la luz de la luna. —Lali sonrió ante los ojos como platos de Peter —. Principalmente es una especie de reunión familiar. Tengo planeado ir el sábado en la tarde y regresar el domingo en la noche. Me encantaría si me acompañaras. Mis abuelos están especialmente interesados en conocerte.

Peter sonrió.

—Seguro.

—¿De verdad? —chilló Lali, incapaz de contener su sorpresa.

Peter asintió.

—Has sufrido por las reuniones de mi familia. Debería devolver el favor. Además, siempre me ha gustado salir de la ciudad para ir a las montañas. Incluso podemos llevar a Beau. Lali se echó a reír.

—Oh, él estará en el cielo de los perritos en la casa de mis abuelos. Ellostienen cerca de treinta hectáreas de tierras con un estanque.

—Eso suena increíble, no solo para Beau.

Lali no pudo evitar el revoloteo de su corazón ante la emoción de que él conociera a su familia.

—¿Entonces, puedo decirle a la abuelita que vamos?


—Por supuesto. No me lo perdería por nada en el mundo.


CONTINUARÁ...

martes, 30 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 66


DOS MESES DESPUÉS

Sumergiéndose en la bañera de gran tamaño, Lali le echó un vistazo con disgusto a sus pies hinchados. Había pensado que se enfrentaría a este particular poco atractivo efecto secundario del embarazo mucho más adelante. Pero a medida que pasaba de su primer trimestre el segundo, sus pies se habían empezado a transformar diariamente. Debido a que había pasado la mayor parte del día haciendo presentaciones publicitarias una tras otra, estaban peor que de costumbre.

Beau descansaba en el azulejo en frente de la bañera, roncando ligeramente. Con Peter viajando fuera de la ciudad cada dos semanas por su condición de Vicepresidente, Beau había llegado a ser tanto su perro como el suyo. Ella lo recogió de Doggy Daycare, y él la ayudaba a pasar sus solitarias noches sin Peter durmiendo a su lado.

Lali acababa de recalentar el agua para un largo remojo cuando Beau levantó su cabeza. Después de dar un ladrido, corrió hacia la puerta del baño.

—Oh, apuesto a que papi regresó a casa de Nueva York —dijo, mientras Beau se movía y giraba su cola hacia delante y atrás, Lali no podía evitar compartir su emoción.

—¿La? —La voz de Peter venia del pasillo.

—En la bañera —gritó.

Él abrió la puerta y le sonrió ampliamente.

—¡Hola, nena! —Beau ladraba en los talones de Peter mientras él se inclinaba hacia abajo en la bañera. Le dio un prolongado beso antes de volver su atención a Beau.

—¿Cómo estuvo tu viaje? —preguntó, mientras él le rascaba las orejas a Beau.
Aidan se quejó.

—La misma mierda.
Ella arrugó la nariz.

—Lo que significa la misma mierda de irte otra vez la próxima semana, ¿cierto?

—Desafortunadamente, sí. Supongo que es por lo que me pagan mucho dinero. —Le echó un vistazo a las burbujas que cubrían su silueta—. ¿No es un
poco temprano para eso?

Ella se rio y sacó una pierna fuera del agua.

—Supongo que sí, pero pensé que podría remojarme un rato para que mis pies de payaso hinchados por el embarazo se desinflamen un poco.

Arrodillándose, él tomó su pie en una de sus manos y besó el empeine.

—Les daré un masaje cuando salgas.

Lali arqueó las cejas hacia él.

—Uh-huh, ¿y qué quieres a cambio de ese trato?

Peter se rio entre dientes.

—¿Quién dijo que quiero algo a cambio? Los pies de la mamá de mi bebé están hinchados, así que, tengo la responsabilidad de hacer las cosas un poco mejor. Ella sonrió.

—El agua todavía está caliente. Podrías unirte a mí.

Sus dedos inmediatamente fueron a los botones de su camisa.

—No tienes que pedírmelo dos veces.

Lali lo miraba apreciativamente mientras se desvestía. Cada vez que se iba, lo extrañaba y lo ansiaba más. Después de entrar en la bañera, él envolvió sus brazos alrededor de ella, poniéndola en su regazo. La sorprendió cuando la besó tiernamente, en vez de con su habitual pasión hambrienta. Por supuesto, cuando pasó sus dedos por su columna vertebral, la hizo temblar con anticipación.


—¿Vas a decirme en qué estás pensando? —preguntó Peter.


CONTINUARÁ...