miércoles, 24 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 60


— La respuesta es sí —respondió con una sonrisa.

La expresión de Peter cambió otra vez, de aprensión a felicidad.

—Estoy muy contento de escuchar eso. He estado pensando en ello todo el tiempo que estuve lejos.

—Yo también.

—Más que nada, quería las cosas resueltas antes de que tenga que volver a Washington.

—¿Cuándo te vas otra vez?

—El martes. —El pecho de Lali se tensó ante la perspectiva.

Los ojos hambrientos de Peter vagaron sobre ella, y él sonrió.

—Descalza y embarazada, ¿eh? Ahora todo lo que necesito es que vayas a la cocina y me hagas algo de cenar.
Ella puso los ojos en blanco.

—Te habría cocinado algo si hubiera sabido que ibas a venir. Lo mejor que tengo son las sobras de la pizza que pedí esta noche.

Él la atrajo hacia sí, cruzando sus brazos alrededor de su cintura.

—Voy a olvidar todo acerca de la cena si vienes dentro y me das una bienvenida a casa real —bromeó, lamiendo y dejando un rastro húmedo por su cuello.

Ella se estremeció ante su necesidad elevándose, pero luego negó con la cabeza.

—Uhm, no creo que eso vaya a ser posible.

—¿Por qué no?

—Tengo compañía.

Los brazos de Peter se tensaron a su alrededor. Él hizo la cabeza hacia atrás para mirarla con una expresión de desconcierto.

—¿Hay un tipo contigo?

Ella asintió con la cabeza.

—Uno muy guapo, también.

Su mandíbula se tensó.

—Pero acabas de decir... acabas de acceder a tener más conmigo.

Se mordió el labio para no sonreír ante su indignación.

—Lo sé. Pero él estaba aquí antes de que yo supiera cómo te sentías. Y tengo que admitir que hay algo acerca de este tipo a lo que no me puedo resistir.


Sin decir una palabra, la soltó de su abrazo y entró por la puerta.


CONTINUARÁ...

martes, 23 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 59


El sonido de un auto en la entrada hizo que Beau saltara del sofá y empezara a ladrar como un loco por la ventana.

—¿Qué pasa chico? —preguntó Lali, abandonando su libro. Beau gimió y echó a correr hacia la puerta principal. Levantándose de la cama, Lali se acercó a la ventana.

Sin duda, la sobrina de Peter, Megan, había cambiado de opinión acerca de Lali haciéndole de niñera y volvía por su hijo de cuatro meses, Mason. Habían entablado una amistad casi instantánea cuando Lali la conoció en el almuerzo del domingo en la casa de Juan. Incluso con Peter fuera de la ciudad, Patrick había insistido en que ella y su futuro nieto, se uniesen a ellos. Había sido un poco abrumador estar con todas las hermanas de Peter y sus familias, pero en general, ella pasó un momento maravilloso al formar parte de su familia.

Dado que Megan se había emocionado por la perspectiva de Lali como niñera, no podía imaginar porque habría cambiado de opinión. Cuando Lali se asomó a través de las persianas, su corazón dio un salto en su garganta.

Era Peter.

¿Qué estaba haciendo aquí? Cuando ella le había hablado la noche anterior, él le había dicho que pasaría otra semana antes de volver a casa. Echando un vistazo hacia ella en su descolorido pantalón de pijama de Scooby Doo y camiseta raída, negó con la cabeza. No había tiempo para tratar de estar más presentable. Por supuesto, la presencia de Mason iba a ser un poco más difícil de explicar.

Abrió la puerta principal. Beau se escabulló en la noche, ladrando y moviendo la cola. Él se abalanzó hacia Peter y casi lo derribó cuando Lali se apresuró a salir al porche.

—¡Oye! ¿Qué estás haciendo aquí?

Peter rascó a un emocionado Beau.

—Mis últimas reuniones quedaron reprogramadas para la próxima semana. Me subí al primer avión de vuelta, así te podría sorprender.

Balanceándose sobre sus pies, Lali luchó por recuperar el aliento. ¿En realidad había hecho algo romántico de forma espontánea?

—Oh, eso es dulce. Es una sorpresa muy agradable.

Abandonando a Beau, cerró la distancia entre ellos.

—También quería venir directamente aquí para ver si habías pensado un poco más sobre nosotros teniendo algo más.

—Lo hice.

Las cejas de Peter se fruncieron.


—¿Y?


CONTINUARÁ...

lunes, 22 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 58


Lali se quedó sin aliento.

—¿En serio?

Él la miró con atención.
—Aunque me cueste admitirlo, te he echado mucho de menos mientras estuve fuera.

—¿Estás seguro de que no solo extrañabas el sexo?

Él frunció el ceño.

—Sí, estoy seguro.

Ella le dedicó una sonrisa vacilante.

—Entonces eso es muy halagador.

—Joder, no pensé que me harías trabajar tan duro en esto.

—¿Perdón?

—Creí que... —Negó con la cabeza—. Pensé que nos querías juntos más que yo.

—Sí, quiero —respondió en voz baja.

—Tienes una manera infernal de demostrarlo.

Ella lo miró.

—Bueno, tú no estás realmente jugando limpio. Has sido amable y considerado, por no decir completamente cuidadoso, todo el tiempo que estábamos tratando de concebir, pero siempre me mantienes a distancia. Cada vez que pensé que podrías estar realmente interesado en mí, te cerrabas. Y ahora esperas que salte sobre el hecho de que podrías desear más cuando estoy a una hormona de impulsarme en una ruina emocional.

—¿Qué diferencia hace eso?

—¡Toda! —Señaló a través del parabrisas hacia un empaquetador adolescente que recogía los carros—. Estoy tan golpeada por las hormonas en esto momentos que ese chico me podría pedir que me casara con él, y yo diría que sí.

—Eso es jodido —musitó Peter.

—Sí, se llama estrógeno, y está trabajando horas extras en estos momentos. Si quieres saber lo que se siente, es algo así como la forma en que la dosis masiva de testosterona bombea llevando el combustible a la cabeza debajo de tu cintura, manejando la mayor parte de tus decisiones.

Peter echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.

—¿Estás tratando de decir que solo pienso con mi polla?

—No creo que estuviera embarazada en este momento si no lo hicieras —dijo Lali con suavidad.

Su expresión se ensombreció.

—¿He de suponer que los estrógenos son los que hablan o solo estás tratando de cortarme?

Lali bajó la cabeza.

—Sí y no. Es solo que todo es tan emocionalmente abrumador en estos momentos. Reunirnos con Juan hoy... —Se mordió el labio y miró por la ventana del auto—. Sé que solo estuvimos juntos por un corto tiempo, pero fue casi como el momento en que lo conocí que sentí una conexión con algo que no he tenido en mucho, mucho tiempo, un amor de padre. Solo lo he sentido antes, con mi abuelo, y él es mi sangre.

El pecho de Peter se tensó ante el visible dolor de Lali. Extendió la mano y tomó la mano entre las suyas.

—La…

Ella se volvió hacia él con lágrimas en los ojos.

—¿Crees que estás tratando de protegerte a ti mismo? Bueno, yo también, y por más que quiera decirte que sí Peter, tengo que protegerme y proteger al bebé.

—¿El bebé? ¿De verdad crees que yo haría cualquier cosa para hacerle daño?
—No intencionalmente. Pero no puedo dejar que entres en nuestras vidas si es posible que salgas corriendo cuando una mujer con una falda corta y enormes
pechos de vuelta a tu cabeza.

—Eso fue jodidamente bajo —gruñó.

Se secó los ojos.

—Lo siento, pero ya sabes, que en algún nivel fundamental es la verdad. Te has dicho a ti mismo un millón de veces que no tienes relaciones a largo plazo.

—Sí, bueno, la gente puede cambiar ya sabes.

—No te puedes imaginar lo mucho que quiero creer eso ―susurró.

Peter suspiró, tamborileando con los dedos sobre el volante.

—Mira, esa llamada telefónica que recibí del trabajo fue sobre que tengo que volar a Washington el martes. Estaré fuera durante unos días. ¿Vas a pensar en
ello mientras no estoy?

—Lo haré si tú lo haces.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Significa que quiero que te asegures de comprender plenamente lo que estás pidiendo de mí y de ti mismo. Y quiero que tengas una idea bastante clara de lo quiere decir "más" para ti.

—Está bien. —Él le dio una mirada mordaz—. Lo haré si tú lo haces.

Las comisuras de sus labios se torcieron en una sonrisa.


—Es un trato.


CONTINUARÁ...

domingo, 21 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 57


Lali se deslizó en el asiento del pasajero mientras Peter corría por la acera de enfrente. Cuando él se deslizó en el interior del auto, exhaló un suspiro largo y desigual. Lali se volvió y le dirigió una sonrisa vacilante.

—Eso fue... interesante.

—Se podría decir eso —respondió él, arrancando el motor.

Después de que se retiró de la entrada, miró de reojo para ver a Lali pasando los dedos sobre la tela del ropón de bautizo.

—Apuesto a que estabas adorable usando esto —comentó.

—No, he visto las fotos. Me veo como un pequeño marica rechoncho usando un vestido.

—Nunca podrías lucir como un marica —bromeó.

Peter gruñó en respuesta. Mirando hacia adelante, apretando fuertemente el volante, tratando desesperadamente de mantener el control de las furiosas emociones en su interior. No hablaron durante unos minutos.

Cuando Lali finalmente lo hizo, su voz era tensa.

—Lo siento por hoy.

Peter apartó la vista de la carretera para mirarla.

—¿De qué estás hablando?

—Conocer a tu padre. Fue demasiada presión y compromiso para ti. Lo noté.

—No, no lo fue.

—Oh, por favor. Estabas a punto de hiperventilar bajo la tensión cuando estábamos en la habitación de tus padres. —Lali negó con la cabeza—. En serio, empecé a preocuparme de que fueras a tener un derrame cerebral o algo así.

—No fue tan malo.

La piel de su mejilla se chamuscó por la mirada que Lali le estaba dando.

—Por lo menos se honesto acerca de la situación, Peter.

Un gruñido surgió de la parte posterior de su garganta.

—Está bien. Eso fue una completa y total mierda para mí, ¿de acuerdo?

—Eso está mejor.

—Sí, claro.

—Lo digo en serio. Siempre quiero que seas honesto conmigo, especialmente sobre cómo te sientes.

—Las mujeres siempre dicen eso, y entonces al momento en que les dices cómo son las cosas, obtienes una jodida bofetada verbal o física.

El silencio se hizo eco a través del auto durante unos minutos. Finalmente, Lali habló.

—Mira, no tengo que conservar el ropón. Puedes devolvérselo a Juan y explicarle que solo accediste a dar tu ADN, no a ti mismo.

Él dio un puñetazo contra el volante.

—Maldita sea, La, ¡eso no es lo que quiero!

Cortando a través de dos carriles, giró en un estacionamiento de un supermercado. Después de que chirriara hasta detenerse, apagó el motor. Cuando se volvió para enfrentar a Lali, con los ojos muy abiertos, ella se apretó contra la puerta lo más lejos posible de él.
—Cuando dije que hoy fue una jodida locura, fue en más de un sentido. Verte con mi padre, la forma en que reaccionó contigo, me ha hecho desquiciado. Pero no en la forma en que piensas.

—¿Oh?

Negó con la cabeza.

—Cuando te conocí, mi vida era exactamente como yo quería que fuera. Entonces solo estaba pensando con mi polla cuando pensé que podría embarazarte y alejarme. Y ahora... es todo tan jodidamente complicado que no sé en qué dirección vamos ya.

—Lo siento. Yo no quiero causarte problemas o ser una carga.

Peter puso los ojos en blanco.

—Jesús, La, ¿cómo puedes siquiera pensar eso?

Sus cejas se fruncieron.

—Porque tú dijiste…

Con un gruñido frustrado, se pasó las manos por el cabello.

—Maldita sea, no soy bueno en esto. Estoy diciendo y haciendo todo mal.

—No entiendo —murmuró ella.


—En el fondo, sigo siendo la misma persona que era cuando empezamos primero con todo esto, no matrimonio, no un mayor compromiso, no relaciones a largo plazo. —Suspiró—. Pero... quiero tratar de tener más contigo.


CONTINUARÁ...

sábado, 20 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 57


Lali se deslizó en el asiento del pasajero mientras Peter corría por la acera de enfrente. Cuando él se deslizó en el interior del auto, exhaló un suspiro largo y desigual. Lali se volvió y le dirigió una sonrisa vacilante.

—Eso fue... interesante.

—Se podría decir eso —respondió él, arrancando el motor.

Después de que se retiró de la entrada, miró de reojo para ver a Lali pasando los dedos sobre la tela del ropón de bautizo.

—Apuesto a que estabas adorable usando esto —comentó.

—No, he visto las fotos. Me veo como un pequeño marica rechoncho usando un vestido.

—Nunca podrías lucir como un marica —bromeó.

Peter gruñó en respuesta. Mirando hacia adelante, apretando fuertemente el volante, tratando desesperadamente de mantener el control de las furiosas emociones en su interior. No hablaron durante unos minutos.

Cuando Lali finalmente lo hizo, su voz era tensa.

—Lo siento por hoy.

Peter apartó la vista de la carretera para mirarla.

—¿De qué estás hablando?

—Conocer a tu padre. Fue demasiada presión y compromiso para ti. Lo noté.

—No, no lo fue.

—Oh, por favor. Estabas a punto de hiperventilar bajo la tensión cuando estábamos en la habitación de tus padres. —Lali negó con la cabeza—. En serio, empecé a preocuparme de que fueras a tener un derrame cerebral o algo así.

—No fue tan malo.

La piel de su mejilla se chamuscó por la mirada que Lali le estaba dando.

—Por lo menos se honesto acerca de la situación, Peter.

Un gruñido surgió de la parte posterior de su garganta.

—Está bien. Eso fue una completa y total mierda para mí, ¿de acuerdo?

—Eso está mejor.

—Sí, claro.

—Lo digo en serio. Siempre quiero que seas honesto conmigo, especialmente sobre cómo te sientes.

—Las mujeres siempre dicen eso, y entonces al momento en que les dices cómo son las cosas, obtienes una jodida bofetada verbal o física.

El silencio se hizo eco a través del auto durante unos minutos. Finalmente, Lali habló.

—Mira, no tengo que conservar el ropón. Puedes devolvérselo a Juan y explicarle que solo accediste a dar tu ADN, no a ti mismo.

Él dio un puñetazo contra el volante.

—Maldita sea, La, ¡eso no es lo que quiero!

Cortando a través de dos carriles, giró en un estacionamiento de un supermercado. Después de que chirriara hasta detenerse, apagó el motor. Cuando se volvió para enfrentar a Lali, con los ojos muy abiertos, ella se apretó contra la puerta lo más lejos posible de él.
—Cuando dije que hoy fue una jodida locura, fue en más de un sentido. Verte con mi padre, la forma en que reaccionó contigo, me ha hecho desquiciado. Pero no en la forma en que piensas.

—¿Oh?

Negó con la cabeza.

—Cuando te conocí, mi vida era exactamente como yo quería que fuera. Entonces solo estaba pensando con mi polla cuando pensé que podría embarazarte y alejarme. Y ahora... es todo tan jodidamente complicado que no sé en qué dirección vamos ya.

—Lo siento. Yo no quiero causarte problemas o ser una carga.

Peter puso los ojos en blanco.

—Jesús, La, ¿cómo puedes siquiera pensar eso?

Sus cejas se fruncieron.

—Porque tú dijiste…

Con un gruñido frustrado, se pasó las manos por el cabello.

—Maldita sea, no soy bueno en esto. Estoy diciendo y haciendo todo mal.

—No entiendo —murmuró ella.


—En el fondo, sigo siendo la misma persona que era cuando empezamos primero con todo esto, no matrimonio, no un mayor compromiso, no relaciones a largo plazo. —Suspiró—. Pero... quiero tratar de tener más contigo.


CONTINUARÁ...

viernes, 19 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 56


—Para mi nieto —dijo, entregándole la caja a Lali.

Ella deslizó su mano libre en su cadera y lo desafió:

—¿Y qué, si es una niña?

—Confía en mí en esto. —Cuando Lali resopló en señal de protesta, Juan se rio—. Está bien, está bien. Funcionará para mi nieta también.

Lali abrió la tapa de la caja. Peter se inclinó hacia delante mientras ella suavemente apartaba el papel de seda. Un grito escapó de sus labios. Con cuidado, sacó el ropón de bebé blanco con encaje y perlas intrincadas.

—Es hermoso.

—Es el ropón de bautizo de Peter —dijo Juan.

Peter contuvo el aliento. Las palabras de su padre, junto con Lali sosteniendo un pedazo de su pasado le hicieron sentir como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago. Si había alguna duda de cómo se sentía su padre sobre Lali y su hijo, se consolidó por el pequeño ropón en sus manos. No estaba del todo seguro de que estaba listo para este nivel de emoción y compromiso.

—Papá, Lali ni siquiera es católica —protestó Peter.
Sin apartar los ojos de Lali, Juan negó con la cabeza.

—Ella me puede complacer y bautizar al bebé sin embargo.

Lali se mordió el labio inferior.

—La verdad es que soy Bautista. —Ante la abrupta respiración de Juan, ella levantó la mano—. Pero considerando que tú y Peter son católicos y el bebé será medio católico, supongo que podría. Si eso significa tanto para ti.

Una amplia sonrisa se formó en el rostro de Juan.

—Claro que lo haría.

—Entonces sería un honor.

—Gracias, cariño. —Juan abrazó a Lali, apretándola con fuerza—. Gracias sobre todo por ser una hermosa luz en el mundo... y en la vida de mi hijo.

Peter miró a su padre con horror. ¿Había perdido el juicio? Lali no era una luz en su vida... ¿lo era? Trató de ignorar las lágrimas brillando en los ojos marrones de Lali cuando se quitó los brazos de Juan. Ella lo besó tiernamente en la mejilla.

—Gracias por querer ser parte de la vida de mi bebé.

El continuo intercambio de emociones entre su padre y Lali lo hizo sentir como si todo el aire de la habitación hubiera sido succionado. Simplemente inhalar y exhalar hizo que su pecho se sintiera como si un luchador de Sumo se agolpara sobre él. Una hermosa luz en la vida de mi hijo se seguía repitiendo una y otra vez en su mente.

Muy dentro de él, una voz estuvo de acuerdo con su padre. Lali lo hacía arder en deseos un minuto y reír al siguiente. La forma en que interactuaba con Beau y sus sobrinos tiró de su corazón. Era el tipo de mujer que si él se encontraba mal físicamente, estaría allí para cuidarlo, y si él caía en tiempos difíciles emocionalmente, ella sería su roca. ¿Cómo había sido tan jodidamente ciego?

La mirada de Peter escudriñó salvajemente la habitación. No, él solo tenía que salir de la habitación de sus padres, de la casa de su padre, y luego tal vez podría pensar.

Se aclaró la garganta.

—No me gusta ser un aguafiestas, pero realmente tenemos que irnos. Tengo mucho de que hacerme cargo después de haber estado ausente el último mes.

Juan asintió.

—Entiendo, hijo. Estoy tan contento de que hayas venido. —Le sonrió a Lali—. Que ambos hayan venido.

A Peter le tomó un momento antes de que fuera capaz de decir:

—Yo también.

Lali agarró el ropón de bautizo contra su pecho mientras arrastraba a Juan fuera de la habitación. Peter los siguió de cerca.

—Ahora que nos conocemos, no hay razón para que seas una extraña. Ya sabes donde vivo, por lo que no tienes que depender de Peter para venir.

Jesús, dos horas con la chica y su padre ya le estaba dando a Lali acceso completo para venir cada vez que se le diera la gana. Por lo que sabía, su padre llevaría todos los álbumes de fotos familiares o sus viejos anuarios de secundaria para entretener a Lali. Qué pesadilla.

Juan le dio a Lali un último abrazo antes de pasar a Peter.

—No seas un extraño.

—Lo intentaré.

Cuando Lali empezó a bajar los escalones del porche, Juan agarró el brazo de Peter.

—¿Al menos tratarás de considerar algunas de las cosas que hablamos? —le preguntó, en un susurro.
—Lo intentaré, Pa. Realmente lo haré.

Juan sonrió.


—Bueno. Me alegro de oír eso.


CONTINUARÁ...

jueves, 18 de septiembre de 2014

La Proposición: Capítulo 55


—Un niño sería maravilloso, pero sería igual de feliz con una niña, siempre y cuando él o ella este sano eso es todo lo que importa.

Juan palmeó su mano.

—Oh, pero tú necesitas un niño. De esa manera el apellido de la familia Lanzani continuará. —Él se volteó hacia Peter—. Estás planeando darle tu apellido al bebé, ¿cierto?

—¡Jesucristo, papá! Relájate.

—Soy un acérrimo católico irlandés, hijo, no voy a ceder en la legitimidad de mi nieto.
Peter sintió la sangre drenarse de su rostro. Inmediatamente alcanzó su copa y se tomó de un trago el resto de su whisky escocés. Debido al continuo escrutinio de su padre, se movió en su silla.

—Bueno Lali y yo no lo hemos discutido.

—¿No quieres llevar el nombre de nuestra familia? — Juan dirigió su intensa mirada hacia Lali—. Yo fui el único hijo de mis padres, y solo tuve un hijo. Tengo cinco nietos y un bisnieto, nuestro apellido morirá con Peter.

—Oh, vamos, papá, no es como que yo seré el último de los Lanzani. ¡El abuelo Félix tuvo siete hermanos! —argumentó Peter.

Juan cruzó los brazos sobre su pecho enfurruñado.

—Bien entonces. ¡Si tú no le vas a dar al bebé el apellido, le daré el mío!

Cuando Lali chilló en frente de él, Peter supo que estaba molesta por la tensión manifiesta entre los dos hombres de carácter fuerte que estaban frente a frente.

—¿Podrías por favor terminar con esto? La estas asustando.

La expresión de Juan se suavizó inmediatamente.

—Lali, lo siento mucho si te ofendí o te hice enojar. Soy fieramente protector de mi familia, y ahora que estás llevando a mi nieto, eres parte de ella.

Peter observó mientras la expresión de Lali cambiaba de aprensiva a positivamente radiante.

—Es muy dulce de tu parte preocuparte por mí. Mi bebé será muy afortunado de tenerte como abuelo. —Tomó aire—. Pero antes de quedar embarazada, Peter y yo pusimos parámetros muy claros sobre cuál sería su papel.

—¿Entonces te opones a que el bebé tenga su apellido? —demandó Juan.

—Bueno, no… quiero decir, no me importaría. —Antes que Peter pudiera
detenerse, frunció el ceño hacia Lali a través de la mesa. Ella rápidamente sacudió su cabeza—. Pero no quiero presionar a Peter a nada. Sin ofender, Juan, pero tú lo pondrías en su lugar. No quiero que Peter se sienta incómodo.

Juan carraspeó y se inclinó hacia atrás en su silla.

—Bien entonces. Yo solo soy un viejo anticuado, fuera de contacto, un viejo chiflado. —Lali soltó una risita.

—Aw, no lo eres. En realidad, me recuerdas mucho al padre de mi madre. Él realmente ha sido más que una figura paterna para mí después que mi padre murió. Mi abuelo es muy tradicional y anticuado. Y bastante fácil de llevar hasta que te metes con su familia.

—Suena como mi tipo de hombre.

—Pienso que ustedes dos se llevarían muy bien. Él compartió tus mismas preguntas y preocupaciones cuando supo que estaba soltera y embarazada. — Lali giró la servilleta en su regazo—. En realidad, él tuvo un buen número de palabras escogidas para mí.

Peter experimentó una punzada de proteccionismo ante la incomodidad de Lali.

—No me dijiste eso.

—Ahora todo está bien. De hecho, él es realmente muy creativo en todo lo relacionado con el trabajo en madera, y está tallándole al bebé un caballito de madera.

—Es una buena manera de hacer las paces —reflexionó Juan.

Lali sonrió.

—Sí, lo es.

Juan parecía pensativo. Luego se puso de pie.

—Vamos, Lali, hay algo que me gustaría que tú y el bebé tuvieran.

Él le tendió su mano y Lali sonrió, deslizando la suya en la de él. Peter observó mientras la sacaba del comedor hacia el pasillo. Se sentó aturdido, sin creer el efecto que Lali tenía en su padre. Peter no lo había visto tan animado en meses. Era como si ella hubiera traído una pieza de él que estaba muerta y hubiera vuelto a la vida, algo que ni siquiera él o sus hermanas habían sido capaces de hacer.

La curiosidad lo hizo levantarse de su silla y seguirlos. Los encontró en la habitación de sus padres. Lali estaba de pie en medio de la habitación, mirando fijamente al armario-vestidor. Un ruido como de algo siendo arrastrado venía desde el interior, y Peter escuchó a su padre maldecir en voz baja. Finalmente, Juan apareció con una caja amarillenta desvanecida con el tiempo, y una sonrisa radiante en su rostro.


CONTINUARÁ...